Julio César Arreaza B: Mr. Danger is back
11 Oct 2026, 11:26 4 minutos de lectura

Julio César Arreaza B: Mr. Danger is back

Por Opinion

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Mister Danger está de vuelta. Este es uno de los personajes de la novela cumbre de Rómulo Gallegos, “Doña Bárbara”, en que, mediante una descripción genial del llano y de su geografía humana,  plantea el conflicto entre civilización y barbarie, todavía presente en la Venezuela de comienzos del siglo XX. 

A pesar de los aportes civilizatorios del maestro, escritor y estadista, secundado por una porción importante de sus comprometidos discípulos con la democracia, aún se proyecta Mr. Danger, ahora vestido de poder y tecnología.

Rómulo Gallegos no escribió solamente una novela sobre su tiempo, sino que construyó una interpretación política de Venezuela cuyas repercusiones trascienden su paso por esta vida.

Gallegos, asistido por su visión de estadista  llegó a delinear qué tipo de sociedades y de Estado impedirían que el poder arbitrario se impusiera sobre la ley. El maestro educó sobre las virtudes cívicas que harían posible la democracia como sistema político y forma de vida. Su trayectoria existencial es el mejor ejemplo.

Gallegos hace una profunda reflexión sobre la imperiosa necesidad de la educación ciudadana y el Estado de Derecho como columna vertebral de la democracia. Venezuela debe pasar de la barbarie chavista a la civilización. El desafío es pasar de la voluntad del caudillo a la voluntad de la ley.

Se nos ha revelado intempestivamente un Mr. Danger redivivo, versión 2.0, que responde a su propio provecho. No tiene interés inmediato en la reinstitucionalización del país ni en el rescate de la democracia. En esa peripatética personalidad se combinan la audacia, el afán de lucro y la falta de escrúpulos.

El dominante y su dominada- nueva Mujiquita de “Doña Bárbara”- tienen en común que ambos entienden el poder como la capacidad de dominar y utilizar a los demás como instrumentos para alcanzar sus fines autoritarios y obtener beneficios económicos personales. Estamos ante una mentalidad depredadora. Se valen de una sociedad sufrida y sufriente, a la que le han derrumbado sus instituciones, y se aprovechan de sus riquezas. 

En contraposición a estos despropósitos acanallados , tenemos una sociedad democrática que lucha por alcanzar el orden, el derecho, el trabajo y la civilización frente a la barbarie. 

Esta sociedad propende al abandono de viejos atavismos y a la adopción de normas de actuación republicana:  ir de la amenaza al argumento, del “me da la gana” al derecho, del secreto a la transparencia, de la venganza a la justicia, de la propaganda a la información, de la obediencia al poder arbitrario a la responsabilidad ante la ley y de la depredación al bien común.  

Una transición política requiere de dos dimensiones simultáneas: recuperar las instituciones democráticas y reconstruir una cultura de ciudadanía.

La civilización no se impone solamente derrotando a la barbarie, sino también construyendo instituciones capaces de sobrevivir a los hombres que la gobiernan y asegurar que ningún grupo pueda disponer arbitrariamente del poder. 

Una transición a la democracia debería transformar las condiciones que propician estos desvíos, para que la arbitrariedad jamás vuelva a reproducirse.

Los Mujiquitas interinos son seres serviles ante el poderoso y encarnan una especie de amoralidad basada en la fuerza bruta. Ante quien manda, son obedientes y complacientes. Son autoritarios con el débil y abusadores del poder. Duros hacia abajo y dóciles hacia arriba.

La incertidumbre se cierne sobre quienes han torturado a mansalva y buscan, mientras se arrastran y se desdicen, una transición que les permita permanecer impunemente en el poder.

Los venezolanos queremos una transición con la gente, para que esta dictadura mutante haga sus maletas y se vaya. Son los mismos responsables de que la economía del país se redujera en un 75%, el peor crimen cometido.

¡Libertad plena para todos los presos políticos!

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