Julio Castillo Sagarzazu: "We the people"
07 Nov 2026, 16:29 6 minutos de lectura

Julio Castillo Sagarzazu: "We the people"

Por Opinion

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La Constitución de los Estados Unidos comienza con la expresión que sirve de título a esta nota. Fue adoptada por la Convención de Filadelfia en 1787, casi 11 años después de la declaración de su independencia y casi 2 años antes que la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano, por parte de la Asamblea Constituyente francesa.

Ambas declaraciones, son hechas por órganos delegados de la voluntad popular de la época. En un caso, delegados de las legislaturas regionales de los estados (herederas, de alguna manera, de las instituciones coloniales) y en la otra, una suerte de mutación del “tercer estado”, mayoritario en la convocatoria hecha por Luis XVI de los Estados Generales.

En realidad, lo verdaderamente relevante es que, en ambos textos, están contenidas las ideas programáticas que dan origen a una Republica. No solamente a una democracia, que es el vector político de la construcción de las repúblicas, sino a una forma de estado que tiene, entre varios atributos, uno esencial y común a todas ellas que es la separación de poderes.

Este es un tema particularmente relevante ahora que se acaban de realizar las elecciones de medio termino en Estados Unidos. Un hecho que tendrá particulares efectos en ese país y también en Venezuela, dadas las obvias circunstancias en las que nos encontramos.

La nota no va de analizar las causas, sino las consecuencias de ese reciente evento electoral. ¿Son estas positivas o son negativas? Nuestra opinión es que, tanto para Venezuela, como para los Estados Unidos, este resultado es positivo. ¿Por qué? Pues, porque es, sin duda, un impulso a esa separación de poderes que hemos comentado. Y, no cabe duda de que este equilibrio entre las instituciones, siempre será una buena noticia para la democracia. Una buena noticia allá y una buena noticia acá.

Alla, porque se dinamizará el debate parlamentario; la rendición de cuentas; la búsqueda de consensos y acá, porque, de ello, nos rebotará un mejor conocimiento en la gestión de los asuntos bilaterales y porque, además, la causa democrática venezolana podría recuperar su condición de preocupación común y bipartidista que había sido siempre una de sus fortalezas.

Incluso, sobre este último tema, podría darse una oportunidad de conveniencia bilateral. ¿Cómo?

Pues, aprovechando la ascendencia, la relación, la capacidad de comunicación e información, que durante este tiempo ha podido acumular MCM y la causa que representa, con miembros de ambas bancadas y con dirigentes de ambos partidos.

Podría entonces, el tema Venezuela, ser una extraordinaria oportunidad para comenzar a construir esos consensos y, curiosamente, Machado podría jugar un rol de “bisagra” política para facilitar acuerdos y que avancemos en una relación que no ha estado exenta de problemas, dada lo complejo de su naturaleza. Recordemos que, además, MC es el premio Nobel de la paz y todo su capital relacional podría servir para que la nueva realidad parlamentaria de los Estados Unidos, pueda ser metabolizada y comprendida, incluso, más allá de sus fronteras.

Por otro lado, los efectos de su presencia en el país, que ya habían provocado cambios sustanciales en la posición del Departamento de Estado sobre temas como el ritmo de la transición; la concreción de acuerdos en la mesa de negociación; la vacancia presidencial y la fecha de las elecciones, deberían conocer un impulso a raíz de la nueva realidad política de los Estados Unidos.

El marco de relaciones entre las fuerzas de cambio venezolanas y el gobierno y el Congreso de los Estrados Unidos, debería igualmente experimentar una evolución positiva. El nuevo marco, como ya dijimos, de recuperación de Venezuela como causa bipartidista, podría permitir que el Plan Venezuela Tierra de Gracia, expuesto a los mas altos niveles de aquel país, sea el marco de esa nueva relación.

Un Plan que privilegia la relación con los Estados Unidos que es nuestro principal socio económico y geoestratégico; que brinda un plan transparente de relaciones con inversionistas y que propone un universo de desarrollo económico y social coherente.

Se trata de una oportunidad que hay que aprovechar, como muchas veces la hemos aprovechado en el curso de nuestra historia común, incluso desde las relaciones entre los padres fundadores de los Estados Unidos y los nuestros. Relaciones que, como suele ocurrir, pasó por diversas etapas, desde la admiración temprana de Bolívar por Washington, hasta las diferencias expresadas en la Carta de Jamaica y el Manifiesto de Cartagena. Bolívar soñaba con una nación como la Gran Colombia, pero desconfiaba del federalismo porque pensaba que era un “republica de filósofos”

Miranda, contrastando con Bolívar, tuvo una relación directa con los proceres estadounidenses: Fue recibido varias veces por Washington; recibió ayuda discreta para aprovisionar el Leander para su expedición; participo protagónicamente en la batalla de Pensacola y en su obra “Columbeia”, se declara impresionado por las formas políticas que la revolución americana habría logrado consolidar.

Estamos entonces, en un buen momento hoy para que, NOSOTROS EL PUEBLO, de ambas naciones, aprovechemos la ocasión para avanzar en un proyecto de fortalecimiento democrático y republicano en nuestro hemisferio como, en su época, lo hicieron nuestros antepasados. No deberíamos dejarlo escapar.

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