
Venezuela atraviesa uno de los momentos políticos más complejos e inciertos de las últimas décadas. A una semana de la salida abrupta de Nicolás Maduro del poder, el politólogo Juan Manuel Trak sostiene que lo que ocurre en el país no debe interpretarse como la caída definitiva del chavismo, sino como un proceso acelerado de adaptación del régimen para sobrevivir política y existencialmente.
En entrevista concedida a LaPatilla.com, Trak —doctor en Procesos Políticos Contemporáneos por la Universidad de Salamanca y excoordinador de investigación del Centro de Estudios Políticos de la Universidad Católica Andrés Bello— explicó que el chavismo enfrenta hoy una amenaza creíble como nunca antes en 25 años de poder. “La alternativa a entenderse con esta administración de Estados Unidos es desaparecer políticamente y perder la libertad, como ya le ocurrió a Maduro”, afirmó.
Para Trak, la diferencia fundamental del escenario actual radica en la naturaleza de la presión internacional, marcada por el retorno de Donald Trump a la Casa Blanca. A su juicio, Trump rompe con los esquemas tradicionales de la diplomacia y las sanciones graduales, lo que obligó al chavismo a mutar rápidamente para evitar su extinción.
“Durante años el chavismo fue muy eficaz enfrentando presión interna: elecciones, protestas, sanciones personales. Pero ahora la presión externa llegó a un nivel tal que los obliga a cambiar su comportamiento para sobrevivir”, explicó Trak. La reapertura de la embajada estadounidense en Caracas y el cambio de tono en los voceros oficiales son, según el analista, señales claras de ese viraje.
Transición sí, democracia no (por ahora)
Uno de los puntos centrales del análisis de Trak es que el país se encamina hacia una transición política incompleta, en la que convivirán gestos de apertura con prácticas autoritarias profundamente arraigadas en el ADN del chavismo. “No estamos ante una democratización inmediata. Lo que veremos es un intento de ganar tiempo”, advirtió.
Ese tiempo, explicó, se utiliza en al menos tres frentes: reorganizar el equilibrio interno del chavismo tras la desaparición de su “gran árbitro”, Nicolás Maduro; evitar imágenes simbólicamente devastadoras, como una liberación masiva de presos políticos; y mantener la narrativa de control interno frente a sus propias bases.
“La liberación de presos será a cuentagotas. Abrir de golpe las puertas del Helicoide sería una imagen demasiado dañina para el gobierno y harán todo lo posible por evitarla”, señaló.
El nuevo triángulo de poder
Tras la salida de Maduro, Trak identifica tres grandes polos de poder que hoy sostienen la gobernabilidad precaria del país: los hermanos Rodríguez, Diosdado Cabello y Vladimir Padrino López. Cada uno controla un componente clave: la articulación política, el aparato represivo y el estamento militar.
Sobre Padrino López, Trak destacó su esfuerzo por mantener a la Fuerza Armada “encapsulada” y alejada del conflicto político directo, como una estrategia de supervivencia institucional. En cuanto a Diosdado Cabello, considera que entiende claramente su fragilidad actual y el riesgo de convertirse en un “chivo expiatorio” si la situación se desestabiliza.
“Los mensajes de Diosdado sobre el monopolio de la fuerza no van dirigidos a la oposición, sino a los propios colectivos armados que podrían intentar acciones fuera de control”, explicó.
Trak también abordó el tema de las sanciones internacionales y los rumores sobre listas de personas que Estados Unidos exigiría entregar. A su juicio, es razonable pensar que parte de la negociación pasa por colaborar en casos de narcotráfico, especialmente en el marco de la narrativa de lucha contra el llamado “Cartel de los Soles”.
“Para Washington, esto no es solo Venezuela; es una operación de política interna y de proyección internacional. Necesitan mostrar resultados”, afirmó.
El dilema de los Rodríguez
Según Trak, los hermanos Rodríguez enfrentan un dilema central: cómo proyectar una imagen de apertura sin perder el control político. La sociedad venezolana, recordó, acumula más de una década de represión intensa, y una apertura mal calculada podría desatar una participación social difícil de contener.
“Ellos tendrán que medir cuidadosamente cuánto abrir y cuándo, porque una válvula de escape puede convertirse en un riesgo para su propia estabilidad”, señaló. No obstante, considera inevitable que en el mediano plazo se convoquen elecciones, aunque bajo reglas muy distintas a las de los procesos “ridículos” de 2024 y 2025.
¿Y la oposición?
Consultado sobre el rol de la oposición, Trak afirmó que enfrenta el desafío de reconstruir capacidades internas tras años de represión y exilio forzado de su dirigencia. En ese contexto, consideró que Estados Unidos, al no imponer de inmediato un relevo opositor en el poder, evitó exponer a figuras como María Corina Machado y Edmundo González a un escenario de ingobernabilidad extrema.
“La situación que hubiese enfrentado un gobierno de transición era probablemente peor que la que vivió Rómulo Betancourt, multiplicada por cien”, explicó.
Reinstitucionalizar antes de gobernar
Trak insistió en que cualquier salida sostenible pasa por un proceso profundo de reinstitucionalización del Estado, que incluya la despartidización de los poderes públicos, la Fuerza Armada y los cuerpos de seguridad. Sin esos acuerdos políticos previos, advirtió, ningún gobierno electo tendrá gobernabilidad real.
“La política es el reino de lo posible, no necesariamente de lo deseable”, recordó, al referirse a la posibilidad de pactos que garanticen estabilidad, aun cuando impliquen concesiones dolorosas en materia de justicia y reparación.
Al cierre de la entrevista, Trak se mostró prudente. Reconoció que el contexto internacional es volátil y que el panorama venezolano sigue cargado de incertidumbre. Sin embargo, apuntó que una mejora económica —estabilidad cambiaria, control de la inflación y entrada de divisas— podría ofrecer un respiro a las familias venezolanas.
“Soy cauto, pero si se alivia la economía, eso puede marcar una diferencia real en la vida de la gente”, concluyó.