Pensaba que el periodista David Placer era más serio, pero me equivoqué. En su programa del miércoles 30 de septiembre pasado afirmó: “Ya sabemos que el segundo gobierno de Rafael Caldera fue, bueno, como mínimo, vamos a ser suaves, como mínimo exageradamente tolerante, si no socio, si no cómplice del ascenso del chavismo al poder…” ¡Increíble!, como periodista presuntamente bien informado debería conocer los hechos que siguieron al golpe de estado fallido del 4 de febrero de 1992, debería saber que no habían transcurrido dos meses del suceso cuando el propio Carlos Andrés Pérez comenzó a otorgar sobreseimientos a los oficiales involucrados, ¡reintegrándolos a las Fuerzas Armadas sin más!
Quizás David Placer desconoce la Gaceta Oficial Nº34.936 del 2 de abril de 1992, por medio de la cual CAP decretó el sobreseimiento del juicio a 42 oficiales, entre ellos Henry D’Jesús Rangel Silva, Jesús Rafael Suárez Chourio y Rodolfo Clemente Marcos Torres. O ignora el libro del excomandante general del Ejército Carlos Peñaloza (“El delfín de Fidel: la historia oculta tras el golpe del 4F”) en el cual afirma: “Casi de inmediato, sin mayor investigación, cerca del 95% de los oficiales alzados volvieron sin castigo a sus cuarteles como si no hubiese pasado nada. En este grupo de “inocentes” se incluyó al Capitán Miguel Rodríguez Torres, el avieso jefe del asalto a La Casona”.
El presidente Ramón J. Velásquez también otorgó sobreseimientos, como por ejemplo el de Diosdado Cabello, y el 27 de diciembre de 1993, el diario Ultimas Noticias atribuyó a su Ministro de la Secretaría haber dado “la seguridad de que Hugo Chávez, Arias Cárdenas y demás procesados militares y civiles saldrán en libertad antes de que Rafael Caldera asuma la presidencia”. También los candidatos presidenciales en la campaña de 1993, con excepción de Caldera, lo ofrecieron. Y el 8 de febrero de 1994 la Causa R introdujo un proyecto de ley de amnistía en el nuevo Congreso.
Rafael Caldera explicaría en su oportunidad: “Chávez les pidió a sus compañeros que se rindieran, entregándose primero él. Sería contrario a todas las normas jurídicas que se hubiera sobreseído el juicio que se le seguía a los demás oficiales y se hubiera mantenido a Chávez en la cárcel por el temor de que pudiera llegar a ser presidente. Temor que nadie compartía en ese momento…”.
Caldera conoció personalmente por primera vez a Chávez cuando éste, ya electo presidente, lo visitó en Miraflores el 9 de diciembre de 1998 y, por cierto, parece no recordarlo David Placer, decidió no traspasarle directamente la banda presidencial, hecho que quedó registrado para la historia.
Olvida también Placer que Caldera se opuso públicamente al referéndum que le permitió a Chávez implementar su proceso constituyente, por considerar que rompía el hilo constitucional, y Chávez lo calificó ante los medios como “desfasado”. Bien “desfasado” estaba Rafael Caldera al oponerse a la herramienta que le permitió a Hugo Chávez acabar con el sistema democrático (1958-1998) que tanto esfuerzo costó realizar y que ha sido lo mejor de toda nuestra historia republicana.