
Andrea Shaw, una madre de 23 años de Payette County, Idaho, fue procesada en julio pasado bajo cargos de asesinato por la muerte de sus gemelos de 18 meses y permanece detenida sin posibilidad de fianza.
Por Infobae
El caso escaló la semana pasada cuando el fiscal adjunto Ryon Sirucek notificó formalmente al tribunal la intención de buscar la pena capital, tal como informó NBC News.
La decisión de la fiscalía convierte el proceso en uno de los pocos en el estado donde se persigue la máxima sanción por un delito contra menores.
El fiscal del condado, Mike Duke, argumentó en documentos judiciales que los resultados de la autopsia apuntan a una muerte provocada y no accidental.
Los argumentos de la fiscalía
En la presentación ante el tribunal, Sirucek detalló los cuatro factores agravantes que el Estado intentará demostrar. El primero es que se cometió más de un homicidio en el mismo acto.
El segundo apunta al carácter “especialmente atroz, cruel e inhumano” de los crímenes.
Los dos factores restantes sostienen que Shaw mostró un “absoluto desprecio por la vida humana” y que representa una amenaza continua para la sociedad.
La combinación de estos elementos, según la fiscalía, justifica que se aplique la pena de muerte.
La respuesta de la defensa
Joseph Filicetti, abogado defensor de Shaw, rechazó con firmeza la estrategia de la fiscalía. “Es indignante. No van a poder probar el caso base más allá de toda duda razonable, así que no hay posibilidad de que la pena de muerte entre en juego”, aseguró en declaraciones recogidas por NBC News.
Filicetti adelantó que su equipo presentará una moción para desestimar el caso. El argumento central de la defensa es que el gran jurado que procesó a Shaw no fue informado de un hallazgo clave: el forense del condado determinó que la causa de muerte era indeterminada, pero consistente con hipertermia, es decir, un cuadro de sobrecalentamiento.
Los patólogos que examinaron los cuerpos de los gemelos también clasificaron las causas como indeterminadas, afirmó el letrado.
La fiscalía reconoció en sus escritos que la temperatura en la habitación de los niños alcanzaba con frecuencia los 37,7 ? (100 ?), pero argumentó que los menores habían sobrevivido a condiciones similares en ocasiones anteriores y que la hora estimada de la muerte no coincidía con el pico térmico del día.
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