El sabor de Venezuela que encontró un nuevo hogar en un barrio de Los Ángeles
21 Sep 2026, 19:41 5 minutos de lectura

El sabor de Venezuela que encontró un nuevo hogar en un barrio de Los Ángeles

Por La Patilla

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Pedro Manuitt al frente de su puesto de café en Los Ángeles. Gentileza Pedro Manuitt

 

Entre los recuerdos imborrables de su niñez, Pedro Manuitt guarda las recorridas que hacía por distintos estados de Venezuela por el trabajo de su madre. Hizo esos viajes sin saber que, parte de todo lo que vería, sería años después la inspiración para el menú de su propio café, donde desde hace meses lleva a su barrio en Los Ángeles una parte de la cultura venezolana.

Por CNN

“Yo vengo de Chaguaramas, un pueblito. Nunca en mi vida imaginé que iba a estar acá en Los Ángeles y que iba a tener toda una comunidad que viene porque les gustan mis tragos”, dice Pedro a CNN.

A sus 34 años, este joven abogado cuenta que su pequeño café es fruto de un sueño que nació hace mucho tiempo, y que hoy convoca tanto a la comunidad latina —inmigrantes como él a quienes su colorido local les recuerda a sus familias— y también a estadounidenses, que llegan entusiasmados a probar sabores nuevos y ven cómo su barrio se ha vuelto más alegre.

En 2019, cuando obtuvo su diploma de abogado en Venezuela, Pedro se planteó cómo seguir: “¿Qué hago acá? ¿Cuál es el rumbo que voy a tomar en mi vida?”. Las respuestas vendrían tiempo después, cuando en unas vacaciones conociera Los Ángeles.

“Yo quiero hacer esto”

“Han pasado cosas difíciles, obviamente uno no tiene familia acá, no habla el idioma, tiene que aprender nuevos trabajos, lo que salga en el día a día para poder sobrevivir, para encontrarte un camino”, cuenta Pedro, que tiene una solicitud de asilo político pendiente por la que dice que lleva años esperando una entrevista.

Al llegar a Los Ángeles, sus primeros trabajos fueron como cocinero. El primero de todos fue durante tres meses en la cadena de hamburguesas McDonald‘s.

Después pasó por varios restaurantes, donde fue mesero y asistente; también tuvo un trabajo administrativo y tiempo después comenzó a trabajar en cafeterías de especialidad.

“Siempre fue el café lo que me llamó la atención”, dice. Cuando veía ese mundo, el que le gustaba, no tenía dudas: “Yo quiero hacer esto”, se decía.

Durante sus años en distintas cafeterías empezó un aprendizaje por su cuenta: desde cómo preparar una bebida hasta cómo hacer los pedidos a los proveedores, todo lo que ocurre al frente y detrás de un mostrador.

Por esos tiempos, Pedro dibujó un primer boceto de cómo soñaba que fuera su café. Pero los costos eran elevados y durante los años siguientes sus estrategias buscaban cómo hacerlo realidad.

Clientes de Guarapo Caffé posan al frente del local de Pedro Manuitt. Gentileza Pedro Manuitt

 

Cuatro años después, tuvo la idea de que sea un ‘coffee truck’, es decir, una camioneta que adaptó para funcionar como local. Tenía decidido cómo quería ambientarlo, y los años que llevaba viviendo en su barrio de Los Ángeles le habían dado una idea certera de lo que podía necesitar su comunidad.

“Yo empecé a investigar desde el 2024. Me paraba en la mañana en la calle, a las cinco de la mañana, a las seis, para ver quién estaba en la calle, quiénes eran… (…) Y dije ‘lo voy a hacer acá, porque quiero brindarle a mi comunidad algo que realmente nosotros necesitamos’”, dice.

Una pequeña historia de Venezuela

En marzo de este año finalmente abrió las puertas de su proyecto, donde él es a la vez el barista, el administrador y el gerente.

Aunque estaba feliz, sus primeros días fueron difíciles. En su primera jornada vendió solo una limonada. “Yo dije ‘¿qué hago, qué hago?’ Y los días siguientes ya fue otra historia. Yo temblaba. Tenía años de experiencia en el mundo del café, pero esto es algo mío, más de mi esencia”.

Las recetas que preparó y ofrece a sus clientes cuentan una pequeña historia de Venezuela, porque eso es lo que sintió que quería hacer: traer una parte de su niñez al presente.

“Cuando era niño éramos mi hermana, yo y mi mamá, que viajaba por toda Venezuela. Teníamos que hacer conexiones, aprender nuevas comidas, porque en cada estado de Venezuela se come diferente, se habla diferente. Cuando llegué a Los Ángeles se parecía un poco a volver al pasado”, dice, a volver a crear vínculos desde cero.

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