
El futuro judicial de Zapatero se complica. El expresidente del Gobierno se encuentra al borde de la imputación por malversación, un nuevo delito en su contra, después de que la joyería Yanes entregase la pasada semana al juez de la Audiencia Nacional que le investiga un informe especialmente duro contra sus intereses.
Por abc.es
Tras meses de silencio después de su imputación por delito fiscal y de contrabando, el exdirigente socialista aseguró al magistrado José Luis Calama que el ajuar que los investigadores localizaron en una caja fuerte de su despacho profesional fue un regalo que el rey saudí Abdalá bin Abdulaziz Al-Saud le entregó en 2007 en el Palacio de la Moncloa, en el marco de una visita oficial.
Pero la pericial que ya está en la mesa del instructor deja claro que las joyas «no se habrían fabricado antes de la normativa REACH de 2007». Yanes, que ha valorado las joyas incautadas en un total de 1.023.320 euros, también ha puesto de manifiesto lo llamativo que resulta «la falta de certificaciones y la ausencia de ‘packaging’ de alta joyería».
La joyería considera «incoherente el hecho de que piezas de este valor» no estuvieran «acompañadas de sus estuches originales para su debida conservación y protección, así como que carezcan de la documentación y acreditación de calidad e identidad que normalmente acompañan a joyas ostentosas». «Cuando se adquieren este tipo de joyas, se hace en joyerías conocidas, con certificaciones, con estuchería y con marcas trazables que identifiquen al fabricante y a la firma comercial», concluye Yanes.
Zapatero «se habría quedado con las joyas»
Este contundente informe de 138 páginas termina de desmontar la tesis defendida por la defensa de Zapatero, que trató sin éxito hasta el último momento que Yanes no analizase las joyas. Se trata de la segunda pericial, después de que la joyería Ansorena cifrase en 1.323.915 euros el precio de las alhajas.
Si el juez Calama y la Fiscalía Anticorrupción tenían dudas, estas parecen haberse disipado por completo. Tan solo unos días antes de que Yanes se pronunciase, el Ministerio Público pidió al instructor que imputase a Zapatero por el delito de malversación, al considerar que «el escenario» que dibujó su defensa es que el entonces presidente del Gobierno «se habría quedado con las joyas ahora encontradas».
El propio magistrado recordó con dureza la pasada semana que el Código de Buen Gobierno aprobado por el propio Zapatero establecía «que los obsequios institucionales de especial significación debían incorporarse al patrimonio público». Es decir, que el que fuera líder del PSOE tenía «pleno conocimiento» de que tenía que haber entregado esas joyas, por lo que su explicación, según el juez, «no resulta coherente». Y resulta llamativo que, de hecho, el exdirigente sí aportase a Patrimonio un reloj de sobremesa dorado con esmeraldas que el rey saudí le entregó en esa visita.
Fue el pasado martes cuando el magistrado rechazó, como le había pedido la defensa de Zapatero, dirigirse a las autoridades de Arabia Saudí para preguntar si, efectivamente, el ya fallecido monarca del país entregó al expresidente las piezas de joyería. El juez evitó así acordar una diligencia que, con toda seguridad, solo serviría para retrasar más aun la investigación.
De hecho, la Fiscalía ya advirtió de la necesidad de investigar «la línea justificativa» ofrecida por el expresidente «pero no con la emisión de una injustificada y dudosamente operante comisión rogatoria, sino con la comprobación de la comisión de un delito de malversación».
Así, en lugar de «desplegar actuaciones de investigación potencialmente complejas y dilatorias», el juez invitó a Zapatero a desplazarse «personalmente» a Arabia Saudí para conseguir él mismo la certificación del país. Y es que, como recordaba el magistrado, «la versión que sostiene se fundamenta precisamente en la relación institucional y personal que habría mantenido con la Corte Real saudí con ocasión de su condición de presidente del Gobierno, circunstancia de la que razonablemente cabría inferir una particular facilidad de interlocución con los órganos de protocolo o las instancias competentes de aquel país».
El juez tampoco se cree que Zapatero no supiera del valor de las joyas, tres juegos de corindón, esmeraldas y zafiros, integrados a su vez por cuatro piezas cada uno -12 en total- montadas en oro blanco de 18 quilates y diamantes. «Las propias características externas de las joyas permiten advertir, incluso a cualquier observador carente de conocimientos especializados, que se trata de bienes de notable valor económico», aclaró el magistrado.
Con dos informes periciales en su contra y la Fiscalía Anticorrupción convencida de que las alhajas fueron en realidad un pago en especie por su labor de intermediación -el juez el sitúa como el líder de una red de tráfico de influencias-, ya solo queda esperar al próximo paso: su previsible imputación por un delito de malversación.
Hasta la fecha, el instructor del caso Plus Ultra investiga a Zapatero por los delitos de tráfico de influencias y blanqueo de capitales en relación a su presunta mediación para lograr el rescate de la aerolínea y también delito fiscal y de contrabando, estos dos últimos ligados al origen por ahora desconocido de las citadas joyas.
Pero, además, en la causa el magistrado también indaga en la posible comisión de delitos de organización criminal y falsedad documental. Zapatero no se encuentra formalmente imputado por estos dos, pero el juez ha situado al expresidente como el supuesto cabecilla del grupo.