
Parecía una piscina de pelotas a escala monumental. En agosto de 2015, Los Ángeles completó el despliegue de 96 millones de esferas negras de plástico sobre los 175 acres de superficie de Los Angeles Reservoir, en Sylmar.
Por Clarín
Cada una mide aproximadamente diez centímetros, están fabricadas con polietileno de alta densidad, contienen una pequeña cantidad de agua para darles peso y están tratadas con negro de carbón para resistir la radiación ultravioleta.
El proyecto costó unos 34,5 millones de dólares.
Aunque en plena sequía californiana se hicieron famosas como una solución para evitar evaporación, ese no era el problema original.
El agua del sistema contiene bromuro de manera natural. Al entrar en contacto con el cloro utilizado para el tratamiento y recibir luz solar, pueden generarse reacciones capaces de producir bromato, un compuesto cuya presencia está estrictamente regulada en el agua potable. La manera elegida para romper esa combinación fue sorprendentemente simple: quitar uno de sus ingredientes, la luz.
Una solución para la calidad que terminó ahorrando agua
Las bolas cubren prácticamente toda la superficie e impiden que gran parte de la radiación llegue al agua. Eso reduce las reacciones fotoquímicas, pero también limita el crecimiento de algas.
Menos algas implica, a su vez, necesitar menos cloro para controlarlas y reducir la formación de otros subproductos de desinfección. LADWP sigue señalando este beneficio como una de las principales razones por las que el sistema permanece activo.
Después apareció el segundo beneficio: la barrera también reduce la evaporación.
El Departamento de Agua y Energía de Los Ángeles estima que las shade balls permiten conservar más de 300 millones de galones de agua por año, equivalentes a alrededor de 1.100 millones de litros.
Más de una década después, los documentos actuales de LADWP continúan describiendo al Los Angeles Reservoir como cubierto por más de 96 millones de shade balls. La agencia considera permanente esa solución en este embalse y señala que las bolas deben retirarse, reciclarse y reemplazarse periódicamente.
Desde 2022 funciona además una planta de desinfección ultravioleta capaz de tratar hasta 650 millones de galones diarios cuando el agua sale del reservorio. La combinación de ese tratamiento y las bolas permitió al sistema cumplir distintos requisitos federales de calidad microbiológica y química.
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