
El arresto del expríncipe Andrés ha marcado un hito en la monarquía británica, al tratarse del primer miembro de la familia real británica que ha sido detenido en tiempos recientes por un cargo tan grave como la sospecha de mala conducta en un cargo público, delito que en Reino Unido puede acarrear cadena perpetua.
Sin embargo, este episodio no es el único antecedente de la realeza inglesa vinculado a la privación de libertad, aunque los casos previos se remontan a un pasado muy lejano y se han producido en circunstancias muy diferentes.
El propio expríncipe Andrés ha sido situado en el centro del debate público tras confirmarse este arresto, que también recuerda que la historia de la monarquía británica está plagada de episodios oscuros. Aun así, fuera de los eventos circulando en el presente, existen otros precedentes que han supuesto la detención o el encarcelamiento de miembros destacados de la realeza.
Carlos I de Inglaterra
Entre los episodios históricos más relevantes, el caso de Carlos I de Inglaterra resulta especialmente significativo. Durante la Guerra Civil inglesa, Carlos I fue capturado y retenido en diferentes castillos bajo estricta vigilancia antes de ser juzgado y ejecutado en 1649. El monarca, acorralado por el avance parlamentario, buscó refugio en Escocia al abandonar la ciudad de Oxford, sometida a asedio. Lejos de recibir el apoyo esperado, fue entregado a las autoridades del Parlamento inglés.
Las esposas de Enrique VIII
Además, el periodo de la dinastía Tudor ofrece otros ejemplos ligados al rigor de la justicia real, aunque en este caso las protagonistas fueron dos reinas consortes: Ana Bolena y Catalina Howard, ambas esposas de Enrique VIII. Ana Bolena fue acusada de cometer adulterio, mantener una relación incestuosa con su hermano, conspirar contra el rey y alta traición. La mayoría de las pruebas que se presentaron en su contra fueron calificadas como débiles e, incluso, inventadas.
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