
Después de cinco meses de censura en la radio, la periodista venezolana Shirley Varnagy se sentó esta mañana frente al micrófono. Bajó la cabeza y respiró hondo. Durante unos segundos no habló. Se llevó la mano al rostro y se presionó el puente de la nariz, a la altura de los ojos, como quien intenta contener una emoción. Luego se colocó los auriculares y levantó la mirada. El gesto, registrado en un video que ella misma publicó en X, marcó su regreso a la radio abierta, de la que había sido apartada tras informar sobre la designación de María Corina Machado como Nobel de la Paz 2025, un hecho prohibido por el régimen de Nicolás Maduro.
Varnagy volvió segura y sin pretensiones, pero con el tono de quien sabe que ganó la verdad y la justicia sobre la arrogancia y el abuso de poder. No hubo consignas ni alusiones directas al episodio de censura. El mensaje fue personal y sobrio, apoyado en la relación construida durante años con su audiencia. “Buenos días. Aquí estoy, de regreso. Volvemos a estar juntos”, dijo al comenzar su programa.
Durante su primera intervención habló del silencio forzado y de los mensajes recibidos en ese tiempo. Relató escenas compartidas por oyentes que la escuchaban camino al colegio, en la cocina de sus casas o dentro del auto, atravesando la ciudad. “La radio no es un ruido de fondo. Es presencia, es compañía”, afirmó, al definir el vínculo cotidiano que, dijo, se mantuvo pese a su ausencia.
El programa Shirley Radio había sido retirado abruptamente de la programación de Onda La Superestación, del circuito Unión Radio, el 10 de octubre de 2025. El detonante fue la lectura al aire de una noticia internacional: el otorgamiento del Premio Nobel de la Paz 2025 a la líder opositora María Corina Machado. Según denunciaron el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP) y Reporteros Sin Fronteras (RSF), se trataba de una información sujeta a censura dentro de los lineamientos impuestos a los medios tradicionales.
Tras esa emisión, Varnagy dejó de conducir su espacio y fue reemplazada sin explicaciones oficiales por parte de la emisora. La medida fue interpretada por el gremio periodístico como una represalia directa por romper el cerco informativo. No fue un hecho aislado: otros periodistas, entre ellos Luis Olavarrieta, enfrentaron consecuencias similares por mencionar el mismo acontecimiento en sus programas.
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