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Cada mañana, al poner los pies fuera de la cama, tomamos una decisión política y existencial consciente: asumir la rienda de nuestra vida o entregarle nuestro destino al afuera. Durante décadas la sociedad venezolana ha preferido la segunda opción, atrapada entre el resentimiento, la queja pasiva y la eterna espera de un salvador.
Nos acostumbramos a mirar hacia afuera ,Esperamos que el Estado nos resuelva , que la bonanza petrolera nos salve , o que una figura política iluminada – como ocurre hoy cuando se diviniza a liderazgos como el de María Corina Machado, olvidando que se trata de seres humanos impulsando proyectos , no de seres divinos _ venga hacer el trabajo que solo nos corresponde a nosotros,
Aproximadamente desde la década de los años 30 hasta hoy, hemos transitado dictaduras, bonanzas y crisis, cayendo en el mismo vacío emocional: buscar a un Mesías que nos libere de hacernos cargo de nuestra propia realidad.
Ese paternalismo y esa falta de responsabilidad no nace en la política: se inicia, se encuba en el hogar. Lo veo a diario como educadora como especialista emocional, Lo vemos en la incapacidad de comprender a las nuevas generaciones juzgando su frescura y sus herramientas tecnológicas que si bien es cierto tienen elementos a revisar a pasado en todas las épocas .Y lo observamos con mayor severidad en la violencia silenciosa contra los adultos mayores : hijos que despojan a sus padres de su autonomía , de sus bienes. De su dignidad, arrinconándoles en su propia casa que levantaron, bajo el pretexto de que ya no estás bien, por no decir lo que he oído. En la carencia de autoridad con los menores , que ven ese irrespeto y lo repiten-
SI realmente queremos una trasformación de país , la reconstrucción no empieza en una mesa de negociación de la clase política tradicional _ que continua pensando en cómo repartir cuotas de poder _ ni en la espera de una tabla de salvación mágica . Debemos empezar con una postura ética con la que podamos levantarnos cada día cada mañana. Buscar herramienta que nos dignifiquen de soberanía personal. Decidir vivir desde la coherencia entre el sentir, pensar y actuar y actuar con postura firme frente a la existencia. Y con criterio para defender posturas de deberes y derechos sin negociar con el amigo de turno.
Implica soltar pensamientos rentista de la antigua política ponme donde hay, para eso somos amigos…. IMPLICA SALIR DEL VICTIMISMO, asumir la responsabilidad de acuerdo a tu edad, niños, adolescentes, adultos. Ensenar a las nuevas generaciones a gestionar lo que merecen y dejar de arrastrar el lastre de la queja y la mendicidad.
Cada etapa de la vida es un regalo de DIOS, es merecimiento desde la niñez hasta las juventudes acumuladas, adultez mayor, madurez un valor y una función en la reconstrucción del tejido social .
Salvar a Venezuela no es un acontecimiento futuro , ni una tarea delegada a un tercero : es un inventario diario de lo que cada uno aporta desde su trinchera El verdadero cambio de época comenzara el día que dejemos de esperar que alguien venga a salvarnos y decidamos de una vez por todas, salvarnos nosotros mismos.
En este camino de cambios, la valentía de liderazgo como el de María Corina nos recuerda una verdad fundamental todos somos necesarios. Y como decía Sócrates cada edad tiene virtudes y valores.
Pero ese llamado no es un cheque en blanco ni una invitación a la contemplación, es una convocatoria a la madurez ciudadana, María Corina abres una ruta clara al recordarnos que el país que merecemos solo se construye con meritocracia esfuerzo y trabajo real. Que la base inamovible de esa meritocracia es la Educación, una tarea que no empieza en una escuela, ni en un ministerio, sino dentro de nuestros hogares.
A María Corina y a cada venezolano que resiste y construye: sigamos adelante .El verdadero cambio de época empieza el día en que dejemos de esperar que alguien venga a salvarnos y decidamos con educación, valores y el mérito propio , salvarnos a nosotros mismos.
Ya lo advertía Simón Rodríguez
O inventamos o erramos, es hora de inventar el país que nos merecemos
Atentamente
Rosa María López de Marín