
Venezuela comienza a transitar hacia una relación de características diferentes.
Desde 1914, las operaciones petroleras fueron realizadas por grandes empresas transnacionales.
Desde 1976, por PDVSA, como operador monopólico.
Desde 1992, con la apertura petrolera, además de las empresas transnacionales tradicionales, se incluyeron empresas medianas y pequeñas privadas, nacionales e internacionales, mediante esquemas contractuales establecidos alrededor de PDVSA. Los convenios operativos de los años noventa, por ejemplo, fueron concebidos para reactivar campos inactivos o marginales y tenían a las filiales de PDVSA como contraparte.
La nueva etapa plantea el desafío de crear condiciones para que puedan coexistir distintos tipos de operadores: grandes compañías transnacionales, PDVSA, inversionistas privados, internacionales y nacionales, así como empresas especializadas y operadores independientes.
Esto puede tener una consecuencia particularmente importante: la ampliación de la base empresarial de la industria petrolera venezolana.
Y allí aparece un reto que no debería ser subestimado.
El contenido nacional
La incorporación de nuevos operadores petroleros no debería limitarse a incrementar la producción de crudo. También debería convertirse en una oportunidad para reconstruir y ampliar la capacidad empresarial venezolana vinculada a los hidrocarburos.
Durante muchos años, numerosas empresas nacionales de bienes y servicios petroleros desarrollaron capacidades técnicas, profesionales y empresariales de alto nivel. Sin embargo, la contracción de la actividad, la reducción de inversiones y las dificultades financieras y contractuales de los últimos años han debilitado considerablemente ese tejido empresarial.
La llegada de nuevos operadores puede contribuir a revertir esa situación, siempre que exista una política clara de contenido nacional, entendida no como una obligación burocrática que encarezca los proyectos, sino como un mecanismo para identificar las capacidades que Venezuela realmente puede ofrecer de manera competitiva.
Aquí la Cámara Petrolera de Venezuela tiene una función particularmente importante.
Como organización gremial que agrupa a empresas proveedoras de bienes y servicios de la industria, debe convertirse en un punto de encuentro entre los nuevos operadores y el empresariado nacional. Su tarea debe incluir la identificación de capacidades existentes, la información sobre proveedores, la formación de nuevas empresas, la certificación de competencias y la promoción de alianzas entre compañías venezolanas y extranjeras.
No se trata de pretender que todo sea producido nacionalmente. El objetivo debería ser mucho más pragmático: que cada dólar invertido en Venezuela genere la mayor cantidad posible de actividad económica, empleo, transferencia tecnológica y desarrollo empresarial dentro del país, sin sacrificar eficiencia ni competitividad.
Una oportunidad que exige preparación.
La incorporación del capital privado a la actividad petrolera puede representar mucho más que una fuente de financiamiento para recuperar la producción.
Puede significar la creación de una nueva arquitectura empresarial para la industria.
Venezuela posee las reservas, pero necesita capital, tecnología, gerencia, infraestructura, servicios especializados y, sobre todo, seguridad jurídica y reglas claras y estables.
Los nuevos operadores tendrán que conocer el país y sus características geológicas y económicas. Pero Venezuela también tendrá que conocerlos a ellos: sus necesidades, sus estándares de contratación, sus exigencias financieras, sus tecnologías y sus cadenas internacionales de suministro.
Por eso, esta nueva etapa debe ser acompañada por un diálogo permanente entre el Estado, los operadores privados y el empresariado nacional.
Después de más de un siglo de actividad petrolera, Venezuela podría estar ante una transformación que va más allá de quién extrae el petróleo.
El verdadero cambio podría consistir en pasar de una industria dominada por pocos grandes operadores a un ecosistema petrolero diversificado, donde empresas de distintos tamaños y especialidades puedan participar bajo reglas claras, aportando capital, tecnología y capacidad empresarial.
El petróleo seguirá perteneciendo a la Nación. La discusión ahora es cómo lograr que quienes participen en su explotación encuentren las condiciones para invertir y, simultáneamente, que una parte creciente de esa actividad contribuya a reconstruir el tejido empresarial venezolano.
Ese debe ser uno de los grandes objetivos de la nueva etapa petrolera.
•? ?Fue Presidente de Fedecámaras, Consecomercio y de la Cámara Petrolera de Venezuela
@eromeronava