
En medio de un sistema migratorio marcado por retrasos y restricciones, Estados Unidos introdujo un cambio significativo para los trabajadores religiosos, y ya no deberán permanecer un año fuera del país para volver a solicitar la visa R-1, una medida que impacta directamente a miles de comunidades de fe.
Por Semana
Un alivio regulatorio en un sistema migratorio aún saturado
En una jugada poco habitual dentro del contexto de una política migratoria que ha tendido a endurecerse, el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) de Estados Unidos anunció el 14 de enero de 2026 una modificación a las normas de las visas R-1 para trabajadores religiosos.
Según Newsweek, la norma elimina la exigencia de que religiosos con visa R-1 permanezcan fuera del país durante un año completo antes de poder solicitar regresar, tras haber cumplido su periodo máximo de cinco años.
Bajo el régimen anterior, ese requisito de permanencia en el extranjero era obligatorio y no negociable, lo que generaba interrupciones significativas en las labores de sacerdotes, pastores, rabinos, imanes, misioneros y otros agentes de fe que sirven a congregaciones y comunidades dentro de Estados Unidos.
Un portavoz del DHS citado por Newsweek defendió la medida como un reconocimiento del aporte de “pastores, sacerdotes, monjas y rabinos” al “tejido social y moral” del país.
Además, subrayó el compromiso de la administración con “empoderar” a las organizaciones religiosas en su trabajo cotidiano.
Aunque continúa vigente la obligación de salir del país al cumplirse los cinco años permitidos por la visa temporal, ahora los trabajadores religiosos pueden solicitar una nueva R-1 sin tener que esperar 12 meses fuera de Estados Unidos.
Un alivio frente a un cuello de botella que afectaba a comunidades de fe
El cambio llega en un momento en que muchos líderes religiosos y legisladores venían señalando las tensiones creadas por la antigua regla.
La Conferencia de Obispos Católicos de EE. UU. (USCCB) calificó la modificación como “un paso verdaderamente significativo para apoyar los servicios religiosos esenciales en Estados Unidos”, resaltando que la eliminación del periodo de espera fuera del país ayuda a “minimizar interrupciones” en ministerios y parroquias que dependen de religiosos extranjeros.
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