En la pista de aterrizaje el muy conspicuo anfitrión esperaba ansioso, amoroso, al pie de la escalerilla del avión en el que había arribado, su menos conspicua invitada.
—¡Qué se besen! /¡Qué se abracen!/ ¡Qué se casen!
Las anteriores coplillas del grupúsculo evasor de las estrictas normas de seguridad de la Base Aérea Militar Conjunta, Andrews, Camp Springs, Maryland, EE. UU., no hacían más que reflejar los públicos arrumacos entre los dos gobernantes. Algo que los ha convertido en corresponsables, in communitate et in solidaritate, por sus acciones, omisiones y transgresiones.
Semanas atrás, la huésped de aquella jornada, se le había adelantado en sus expresiones de afecto. Ocurrió al recibirlo en su expaís. O protectorado. O colonia. O pateadero sumiso a cualquier bicho de uña extranjero.
Así que, ni corta ni perezosa, en su rol de anfitriona, le masajeó su muy automasajeado ego al ilustre visitante. Oigamos el laudatorio:
—¡Bienvenido, benefactor máximo de nuestra Patria nueva! Hoy lo recibimos con alborozo en el aeropuerto internacional de Maiquetía, al que hemos rebautizado con su augusto nombre y apellido, al igual que rebautizamos, cada una de las plazas y plazoletas de las ciudades y poblados de nuestro expaís, en las que además, hemos develado sendas estatuas suyas, con el bisoñé o implante capilar, que se ha erigido en su trademark.
En la cabecera de pista de la “Base Andrew”, los protagonistas de nuestra narración inicial, abordarán de inmediato el helicóptero “Marine One” que los trasladará, directo, a la White House. Una vez allí, el anfitrión le impartirá sus órdenes ¡sin chistar! a la recién llegada para luego agasajarla con una cena de gala en la que como es de protocolo, exhibirá sus inexistentes dotes de bailarín.
En el mencionado trayecto hacia el helipuerto del palacio de gobierno, la visitante, para hacerse perdonar su condición de descendiente de cierto marxista, leninista, maoísta, guerrillero, demandante de jugosos rescates en su carácter de secuestrador de “gringos”, ya habría renegado de su aludido antepasado, pese a que las andanzas de éste, les valieron tanto a élla, como a un pariente muy cercano, para trepar, literalmente, en el aparatik de la fementida RoboLución ¿Chequear a la ilustre transeúnte a través el detector de metales con el fin de evitar un episodio similar al de los lingotes en el Aeropuerto de Barajas? ¿Prevenir el escalamiento y fractura de un ventanal, por la Presidenta (e) para entrometerse donde no tiene pito qué tocar, como lo hizo en Argentina? No habrá necesidad de semejantes medidas. A partir de la 01:03 a.m., del tres de enero pasado, ipso facto, como por arte de birlibirloque, la ahora jefa de Estado (e) mutó, de lo que era, en toda una dama.
Y si es que hiciere falta corroborarlo, revisemos algunos incisos del Decreto emanado de su puño y letra, minutos antes de la referida gira de agradecimiento a la superpotencia del norte:
“Artículo 1º. A partir del presente edicto nuestro llamado Socialismo del Siglo XXI se declara, capitalista, imperialista, neoliberalista salvaje, explotador del hombre por el hombre, enemigo acérrimo de la dictadura del proletariado y de las nacionalizaciones petroleras y demás riquezas naturales o artificiales. Siempre lo ha sido, lo que ocurre es que en lo adelante, no nos molestaremos en disimularlo; Artículo 2º. Advertencia para los llamados Círculos, Colectivos, Comunas y demás bandas de matones muy adictas (adictas a nuestra RoboLución, lo de las otras adicciones lo dejaremos para otro día): En lo sucesivo el empleo de los latiguillos “Yanquis go home”, “Hand off Venezuela” o su equivalente en el islámico “Marg bar Âmrikâ”, al igual que los despectivos “gringos”, “musiúes”, “invasores”, “secuestradores de legítimos presidentes y de sus respectivas esposas” para referirse a nuestros amantísimos amos, serán considerados ultrajes graves castigados con la pena capital. Las anteriores interjecciones, serán corregidas y debidamente aumentadas. A saber: ¡Fuera Cubanos o cubiches del G-2!. Fuera los rusos hijos de Putín, chinos, turcos, faracos y elenos colombianos. Los terroristas del Medio Oriente enquistados en nuestro territorio, que se vayan muy largo pa’l …”. Artículo 3º. En cuanto a nuestro mandamás, per omnia secula seculorum, nos referiremos a él, en lo adelante, como “Camarada Presidente” o “¡Epa mi catire!”, esto último, después que hayamos entrado en confianza. Regístrese y publíquese”.
Complacidos, pues, los amables lectores que nos han solicitado los detalles de las dos próximas visitas a intercambiarse entre los aludidos mandatarios.
Incoherencias que tiene la gente.