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El liderazgo venezolano cuyas fechas de nacimiento coloca a sus miembros como “baby boomers” o miembros de la generación subsiguiente, en gran parte y por el modo de actuar frente a la vida y sus adversidades… parecen miembros de la aristocracia rusa anterior a la revolución bolchevique.
Se quejan a diario de la vida como si se tratara de una costumbre ancestral… pasan horas analizando los errores de “otros”… y después de invertir el día en tan inútil actividad… siguen viviendo como si nada hubiese pasado en nuestro maravilloso país que realmente nunca dirigieron y seguramente jamás dirigirán.
No me excluyo: también soy un “baby boomer” solo que ya a mediados del siglo pasado tuve un encuentro circunstancial con Alberto Mansueti… pensador argentino culto y profundo… que me puso a ver el futuro al cual inexorablemente nos dirigíamos.
Futuro dudoso que hace rato llegó.
A ver… de qué se trata tanta monserga dirá un escéptico.
No se trata de algo nuevo.
Ya Alberto Adriani siendo el ministro de Hacienda que modernizó ese Despacho habría planteado la necesidad de llevar los proventos del petróleo al cultivo de la tierra que había sido sustento de los venezolanos.
Luego Arturo Uslar retomó la idea y la plasmó como “sembrar el petróleo”.
Y mucho más tarde Pérez Alfonzo y Domingo Alberto Rangel, nuestro padre, junto a destacados muchachones salidos de programas de radio… escribieron un libro que hizo época “El Desastre”… alertando lo que venía y eso fue el siglo pasado.
No se hizo caso y quienes desde la política dirigieron la nave venezolana… siguieron predicando lo mismo de quienes dilapidaron el mayor potencial de divisas per cápita con que ninguna Nación de Iberoamérica jamás habría soñado.
Todo basado en que “Venezuela es un país muy rico… aquí todos somos ricos… porque tenemos petróleo”.
Vaya burrada dirigida a una mayoría mantenida en la relativa ignorancia sobre lo que más nos podía interesar que es “cómo hacer realmente rica a Venezuela”.
Es que tener dinero no es ser rico… y menos si se malgasta y se hace creer que para el resto de los siglos los venezolanos no tendrían que trabajar duro y constante… en áreas importantes… para garantizar el futuro estatus de las siguientes generaciones.
No se hizo y nadie le reclamó al primer Carlos Andrés Pérez que en medio de un auge petrolero… en el que se cuadriplicaron y más los ingresos ya elevado del país en divisas… contratara créditos inmensos que hicieron ricos a los intermediarios que terminaron en la banca extranjera por basar la economía en mentiras y sobre valoraciones.
Nadie le reclamó a Hugo Chávez el dineral que botó en regalos a países que pretendió así captar… en traspasos a una clase media que nunca montó industrias en el país y finalmente se largó hasta caminando.
Nadie le reclama a MCM no solo la estupidez de pedir que tropas extranjeras nos invadieran “porque sobrarían los dólares”… nadie a sus adláteres que pretenden “resolver los problemas de la Nación”… aumentando a 9 el número de Rectores del CNE y a más de 50 los Magistrados del TSJ.
¡Dos desaguaderos de dinero inútiles!
Con ese liderato y el que aplaude cuando Delcy insiste en que vamos bien y la educación de la cual todos hablan está en las peores manos.
Un liderato emergente tiene que predicar el ser buena paga –Venezuela le debe a cada santo una vela- mantener el equilibrio fiscal… podar las nóminas del Estado… mantener las calles tranquilas… y darle a los pobres un Sistema de Justicia donde no perviva la matraca etcétera.
Es posible.