Dinorah Figuera, una de las figuras más polémicas del momento político venezolano, acaba de recibir un respaldo significativo del Gobierno estadounidense, tras casi 5 meses de gestión que, según sus críticos, han sido deficientes en cuanto a resultados concretos para impulsar un cambio real en Venezuela.
Su reciente reunión con el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, parece haberle dado un nuevo impulso político. Rubio habría expresado su respaldo a la gestión de Figuera y a la estrategia que viene implementando el Gobierno estadounidense frente a la crisis venezolana.
Sin embargo, este reconocimiento también plantea interrogantes sobre el rumbo político del país y los resultados que cabe esperar de esta estrategia. ¿Estamos avanzando realmente hacia una transición democrática o seguimos prolongando una etapa de incertidumbre que posterga las soluciones que reclama la sociedad venezolana?
A este ritmo, resulta difícil visualizar la posibilidad de celebrar elecciones en 2027 sin que antes se produzcan avances sustanciales en la reconstrucción institucional del país. La transición no puede limitarse a acuerdos políticos ni a respaldos internacionales: exige un profundo proceso de transformación del Estado, recuperación de la institucionalidad y aplicación de la justicia.
Para lograrlo, sería necesario revisar y reformar las estructuras burocráticas y administrativas que sostienen el actual sistema de poder, así como garantizar que quienes hayan cometido delitos respondan ante la justicia con pleno respeto al debido proceso.
Se trata de una tarea compleja, que podría prolongarse durante años. Por eso, la gran interrogante sigue siendo si la estrategia actual permitirá acelerar una transición democrática o si, por el contrario, terminará aplazando indefinidamente la posibilidad de que Venezuela recupere su libertad, sus instituciones y el derecho de los ciudadanos a elegir a sus gobernantes.