
Fink inició su travesía en motocicleta por Suramérica con una promesa: regalarles una vida más libre y aventurera a sus dos perritas. Aunque la vida y el tiempo lo obligaron a despedir a sus compañeras, no se quedó solo. En plena ruta, el destino cruzó su camino con el de Fatum, la mascota que hoy viaja junto a él en el asiento del copiloto.
Por CNN
Mientras recorre el continente, Fink ha aprendido a encontrar lo bueno en cada experiencia y a comprender que la felicidad se vive a cada momento y que lo más importante no es el destino, sino el camino.
El primer impulso
Antes de emprender el viaje, Fink —quien prefirió no mencionar su apellido— vivía en Ciudad de México y trabajaba como diseñador gráfico en una empresa de serigrafía y bordado.
“Tenía un buen trabajo, no me faltaba nada, pero tenía esa sensación de que había algo más en la vida, algo que se podía hacer más allá de trabajar, la vida en círculos y la rutina”, dice a CNN desde Argentina.
Ese pensamiento latente y sus dos compañeras caninas, Nouba y Cosa, fueron las razones que lo impulsaron a cambiar su estilo de vida, hacerle caso a lo que sentía y seguir su instinto.
Nunca tuvo un objetivo en particular, dice, pero sí la curiosidad de ir en busca de lo desconocido: personas, culturas, comida, costumbres y horizontes, además de disfrutar la travesía con la mejor compañía.

Detalla que sintió una emoción muy especial desde que al planear el viaje, vender sus pertenencias, despedirse de familiares y amigos y dejar su trabajo. Finalmente, en diciembre de 2018, inició la aventura a bordo de su motocicleta, la Rinoceronta, que adaptó con una especie de canasta acolchada en la que viajaban Nouba y Cosa. Y decidió compartir la aventura en sus redes sociales.
Kilómetros de historias, desafíos y encuentros
La primera meta era recorrer el sur del continente hasta llegar a Ushuaia, la ciudad conocida como “el fin del mundo”, situada en el extremo sur de la Patagonia argentina. Fink describe el inicio de la travesía como un periodo de aprendizaje, en el que tuvo que acallar los pensamientos que llegaban a su mente y abrirse a grandes experiencias.
“Lo principal eran los miedos, las incertidumbres y enfrentarte a ellos”, expresa el hombre de 44 años. “Pensaba en qué pasaría si me quedaba sin dinero, si se descomponía la moto o si me accidentaba, pero al final del día te das cuenta de que las cosas que tengan que pasar van a pasar”.
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