De resentimientos a traiciones: una historia sin fin, que tendrá final, por Justo Mendoza
16 Oct 2026, 13:19 6 minutos de lectura

De resentimientos a traiciones: una historia sin fin, que tendrá final, por Justo Mendoza

Por Opinion

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Arturo Uslar Pietri era economista: para 1989, como él pocos para interpretar la crisis económica y desbarajuste fiscal que recibió Carlos Andrés Pérez del presidente Jaime Lusinchi, con reservas en el Banco Central de poco más de 300 millones de dólares. Joven, al aristócrata caraqueño –toñeco de la dictadura de Gómez y los regímenes herederos del autoritarismo, de López y Medina, que poco querían con la democracia– le atrajo la política y supo de sus altibajos y sinsabores. Para el entonces de la crisis institucional de finales de los ’80 bien conocía sobre el derrumbe económico venezolano, de los sables alebrestados y de la reacción del conservadurismo rancio que bien representaba Rafael Caldera, Burelli y él. Todos lo sabían, y más, todos tenían un cable conductor común que bien justificaba echarle leña al fuego bajo la bellaquería del sentimiento por el “pueblo pendejo”, que juntaba el cinismo castrista y el resabio renegado de las viudas del 18 de octubre de 1945, con la ambición, aún frustrada de Caldera, de volver a ser presidente. No menos cierto es que también sabía que el partido del presidente Pérez –Acción Democrática– vivía su peor momento como organización calificada para ser soporte de un cambio reclamado tanto en lo económico como en lo institucional, donde la ambición parcelaria por cuotas de poder era amenazada por quien desde Miraflores estaba dispuesto a descentralizar el poder, despartidizar la Corte Suprema y reoxigenar el agotado proyecto democrático que reinició Rómulo Betancourt en febrero de 1959. Era lo de CAP II una reconversión político económica, no prevista, que venía en su equipaje programático conocida como El Gran Viraje.

¿En lugar de la conspiración, pudo el culto novelista, difusor de los valores humanos, tomar lo que su propia prédica enarbolaba ?la civilidad democrática- y darle un valor agregado a la imparable reforma del Estado? Si, pero prefirió tomar la trocha tortuosa de la venganza política contra AD y contra CAP, con la pasividad complaciente ¡Que ironía! de Alfaro Ucero, y otros en el propio partido del conspirado.
Bien sabía Uslar que esa tramoya sediciosa se podía “llevar en los cachos” el sistema democrático, ya debilitado…y no paró o transigió por una reunión crítica de advertencia con el Presidente. También lo sabía Caldera y Burelli. También sabía del uso bombástico con fines de descrédito de la “hambruna venezolana” según la cual los pobres comían «perrarina» (sustituto de la harina-pan, cuyo precio -de esta- por kilo era menor)

¿Fue el Caracazo una revuelta que permaneció en el tiempo mutando a un desarrollo anti sistema? ¿El 4F-1992 se convirtió en una rebelión popular y derribó el sistema, echando mano a una narrativa distinta del tenor moralista de Uslar? ¿Los gobiernos de Velásquez (interino) y de Caldera II sufrieron los embates de la revulsiva de los militares felones? ¿Resolvió el problema del “empobrecimiento brutal” denunciado por este Uslar cargado de resentimiento, que no pudo ser presidente, y por el herodiano Caldera, que si lo fue? No, bien por lo contrario, la defenestración de CAP, satisfechas las pasiones y ambiciones, le pavimentó el camino a un cambio de paradigma –el golpismo militarista– de cómo obtener el poder político: impensable en las amodorradas expectativas del liderazgo oficialista de esa década funesta de fin de siglo.

La conspiración contra Carlos Andrés Pérez fue un pase de factura a la democracia por unos ambiciosos personalimos que se sintieron bien pagados por los militares felones conjurados del Samán de Güere; su justificación fue una negación del proceso de «cambio transformador» que certeramente inicio CAP, y que por la molicie del gobierno de Caldera y su avanzada progeria política, no solo fracasó sino que le abrió las puertas a la dictadura chavista que aun padecemos.

Ahora hay otra conspiracion: ya no por los resentidos de ayer, hoy hay una alianza vergonzosa entre unos líderes forrados de dinero y obesos de ambiciones que, viendo en peligro sus mermados liderazgos y sus reputaciones por el suelo, se alían con el régimen dictatorial en un artefacto impuesto de negociado que ha puesto en vilo la soberanía nacional y brindado a las manos de la depredación los recursos que da nuestra tierra para la reconstrucción de la prosperidad en democracia.

Estamos a las puertas de una felonía contra el pueblo victorioso del 22-Octubre y el 28-Julio, propulsada por experimentados cortesanos y audaces negociadores de la voluntad popular en beneficio de sus parcerías a costilla de la esperanza de libertad, democracia y prosperidad que negó la dictadura.

Hoy el hambre y la pobreza es el signo prevaleciente, pero el argumento de los aliados colaboracionistas es la urdida y fantasiosa amenaza de guerra civil y la promesa de estabilidad: lo inaudito es que “no estamos preparados para gobernarnos”…Y la ironía es que los colaboracionistas de lado y lado, fracasados por igual, se auto titulan de ser el “dream team” para una transición que urge.
Más en verdad, estamos a las puertas de una cambio irreversible: y mientras más pujan nuestros cínicos aliados y sus domesticados operadores, más cerca está su llegada.

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