
El sector comercial en Maracay atraviesa uno de sus ciclos más críticos en los últimos años, ahogado por una combinación letal de desplome en las ventas, hiperinflación silenciosa y una presión tributaria que resulta insostenible para el empresariado local.
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El reflejo más evidente de esta parálisis económica se observa en las instalaciones del icónico Centro Comercial Parque Aragua, un recinto que en su momento fue el epicentro del intercambio mercantil y social de la ciudad y que hoy luce desolado y en paulatino abandono.
Al recorrer sus pasillos, la dinámica vibrante de antaño ha sido reemplazada por el silencio de santamarías abajo y decenas de vitrinas vacías cubiertas únicamente por carteles de “Se Alquila” o “En Venta”.
La falta de afluencia de compradores en Parque Aragua responde a un poder adquisitivo ciudadano completamente erosionado, donde las familias aragüeñas en esta época del año priorizan estrictamente la alimentación y lo necesario para el regreso a clases.
A este panorama desolador se le suma la crisis de los servicios públicos, protagonizada por constantes y prolongados cortes eléctricos que interrumpe la jornada laboral justo en las horas de mayor actividad comercial.
Ante esta situación, los comerciantes aseguran que, al no contar con planta eléctrica, los racionamientos eléctricos obligan a cerrar las tiendas antes de lo previsto, dejando los pasillos en una oscurana total que atenta contra la seguridad y el flujo de clientes.