
La información, enviada por un integrante del frente nororiental del ELN, fue determinante para que las Fuerzas Militares realizaran el bombardeo contra la estructura ilegal en Catatumbo. En la operación murieron siete integrantes de la estructura ilegal y más de 20 resultaron heridos.
Por: Javier Patiño C / Revista Cambio
En la segunda semana de enero, un mensaje llegó al celular de un sargento de inteligencia del Ejército colombiano. El remitente era un integrante del frente nororiental del ELN, quien informó que habían instalado un campamento en zona rural de Tibú, Norte de Santander.
La información incluía coordenadas precisas sobre el punto donde se encontraban reunidos los integrantes de la estructura ilegal. Esto llamó la atención de los organismos de inteligencia, ya que representaba un cambio en su forma de operar en la zona. Según las autoridades, el ELN solía permanecer oculto en viviendas para pasar inadvertido entre la población civil.
Para confirmar los datos, a la zona fue enviado un avión no tripulado de inteligencia, con el fin de identificar cuántos integrantes permanecían en el lugar, cuáles eran sus movimientos y cuáles sus rutinas diarias.
Tras varios sobrevuelos, se estableció que en el sitio se concentraban entre 50 y 60 guerrilleros del ELN. Lo que más llamó la atención de los analistas fue la cantidad de comida y víveres que ingresaban diariamente.
Un grupo especial de inteligencia comenzó entonces a rastrear el envío de remesas hacia ese punto en medio de la montaña, donde solicitaban cigarrillos, harina, gaseosas, arroz, café y artículos de aseo.
Con el paso de los días, el grupo detectó que los guerrilleros no permanecían siempre juntos, sino distribuidos en pequeños grupos: diez en un punto, otros diez a pocos metros y siete en otro sector, aunque siempre dentro de la misma área sobre la cordillera Oriental.
Los uniformados identificaron que el campamento estaba ubicado en la vereda Angalia y que era un punto estratégico que les permitía enviar comisiones para confrontar y desplegar drones de ataque contra integrantes del frente 33 de las disidencias de las Farc, con quienes mantienen enfrentamientos desde hace más de un año.
“Es un área predominante que cruza de sur a norte el municipio de Tibú y es zona fronteriza con El Tarra. Cuando se transita por la vía a Filogringo hacia el oriente se pasa por este punto, un corredor importante para la organización ilegal”, señaló un oficial de inteligencia.
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