Autobiografía perdida en Ohio revela la desgarradora historia de soldado británico de la Guerra de 1812
19 Jan 2026, 18:02 4 minutos de lectura

Autobiografía perdida en Ohio revela la desgarradora historia de soldado británico de la Guerra de 1812

Por La Patilla

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Shadrack Byfield perdió el brazo izquierdo durante la Guerra de 1812, y su historia revela las dificultades que enfrentaron muchos veteranos al regresar a la vida civil tras el conflicto. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez

 

Durante más de un siglo, la figura de Shadrack Byfield fue tratada como una curiosidad histórica. Un soldado británico de infantería que perdió un brazo durante la Guerra de 1812 y que, a pesar de su discapacidad, logró escribir una de las pocas memorias existentes de un combatiente raso en aquel conflicto. Su libro de 1840, titulado Narrative of a Light Company Soldier’s Service, era citado con frecuencia en libros de historia y documentales en Reino Unido, Estados Unidos y Canadá. Hasta ahí, la historia parecía cerrar perfectamente: un veterano heroico, estoico, valiente.

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Pero todo cambió cuando el historiador Eamonn O’Keeffe, de la Memorial University de Newfoundland, halló en los archivos de una biblioteca de Ohio un ejemplar olvidado de un segundo libro de Byfield, publicado en 1851 y titulado History and Conversion of a British Soldier. Este hallazgo, junto con el estudio profundo de fuentes inéditas y correspondencia oficial, ha permitido reconstruir una vida mucho más compleja, dura y fascinante de lo que se creía. El resultado, publicado en el Journal of British Studies, no solo reescribe la historia personal de Byfield, sino que ofrece una ventana única al mundo de los veteranos británicos de comienzos del siglo XIX.

El joven que desafió a su madre y acabó perdiendo un brazo

Shadrack Byfield nació en 1789 en la localidad de Bradford-on-Avon, en Wiltshire, en el seno de una familia de tejedores protestantes. Aunque estaba destinado a seguir el oficio de su padre, a los 18 años tomó una decisión que marcaría el resto de su vida: se alistó en la milicia local. Su madre, según narraría después, quedó tan conmocionada que murió pocos días después.

Poco después ingresó en el ejército regular británico y fue destinado a Canadá en 1809, como parte del 41.º Regimiento de Infantería. Cuando estalló la Guerra de 1812, ya estaba en servicio en la frontera del Niágara. Sobrevivió a combates encarnizados, recibió un disparo en el cuello y continuó luchando. Pero en 1814, durante una escaramuza, una bala le destrozó el antebrazo izquierdo. La amputación fue inevitable, realizada sin anestesia, y su brazo terminó arrojado en un montón de desperdicios. Byfield lo recogió con rabia, construyó un ataúd improvisado y le dio sepultura con sus propias manos.

De héroe a marginado

A su regreso a Inglaterra, se encontró con una situación bien distinta de la que se suele contar en las crónicas militares. Su pensión, de apenas nueve peniques al día, no le permitía sostener a su familia. Aunque el relato de 1840 afirmaba que vivió «cómodamente» como tejedor, usando una prótesis que diseñó él mismo tras soñarla, su segundo libro y las fuentes estudiadas por O’Keeffe pintan una realidad mucho más precaria: pobreza, endeudamiento, enfermedades crónicas y rechazo social.

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