Atlético de Madrid destrozó al Barcelona y se acercó a la final de la Copa del Rey
12 Feb 2026, 22:30 8 minutos de lectura

Atlético de Madrid destrozó al Barcelona y se acercó a la final de la Copa del Rey

Por La Patilla

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El centrocampista británico del Atlético de Madrid Ademola Lookman celebra su gol, tercero del equipo rojiblanco, durante el partido de ida de la semifinales de la Copa del Rey que Atlético de Madrid y FC Barcelona disputan este jueves en el estadio Metropolitano, en Madrid. EFE/Mariscal

 

Una noche memorable en el Metropolitano, una lección de ambición, vértigo, contundencia y fútbol, encumbró al Atlético de Madrid en un primer tiempo descomunal, en el que destrozó al Barcelona como nadie lo ha hecho en mucho tiempo, sobrepasado, devorado y casi eliminado, pendiente de una hazaña en la vuelta de las semifinales de la Copa del Rey.

Porque es el Barça, porque se ha ganado todo el crédito con Flick a su mando, aún se le aprecia vida para el segundo encuentro en el Camp Nou. Aún le queda esperanza, porque aún quedan minutos. Es lo único a lo que se puede agarrar el equipo azulgrana, tras su debacle estruendosa del Metropolitano, transformado en una fiesta de proporciones siderales.

El primer tiempo del Atlético fue para ello. Apoteósico. De los que quedan para el recuerdo, guardado en la memoria del hincha y en la propia historia del Metropolitano, por cómo se desencadenan los acontecimientos, por la impresión que supone en cada uno de los espectadores, por todo lo que surge y emociona, además en noches tan señaladas como ésta. Unas semifinales. Y el Barcelona. Una exhibición, una reivindicación, un hito.

El Atlético descargó toda su ambición, la rebeldía de un grupo que no se conforma con ser secundario. Y es capaz de todo. Desplegado con una intensidad descomunal, pero, sobre todo, preparado al detalle, al milímetro, para el partido que quería. El plan de Simeone trazó el camino. La ejecución de los futbolistas fue sublime: explotó cada debilidad del Barça en la primera parte. Lo encaró y lo machacó, muchas revoluciones por encima de su rival, con ímpetu, precisión y fútbol, con el que desbordó como nunca a su adversario.

Griezmann, mucho más suplente que titular en los últimos tiempos, fue el líder de todo en ataque. La figura por la que transitó la inspiración del Atlético, que desencadenó la tormenta sobre la portería de Joan García. En cada salida, en cada creación, él dibujó el pase definitivo, el remate, el desmarque concreto, el momento justo. Incontestable, como fue omnipresente Koke (lo despidió en pie, aclamado, todo el estadio) o insuperable Llorente… Un partido coral. De muchísimo nivel.

Hay matices, instantes, que condicionan parte del todo. Quizá, el 1-0. Un error tremendo de Joan García, que se excedió de confianza en su control cuando Eric García le cedió un balón atrás. La posición de su pie derecho, demasiado elevado, hace intuir que quería pisarla. Lo cierto es que le pasó por debajo directo a la portería. Y, por más que reaccionó, cuando la alcanzó ya había sobrepasado la línea. Por las dudas, Lookman remachó.

Tan sólo era el minuto 7. Pero el Barça lo había pasado ya mal antes. Presionado por el Atlético, que se volcó sobre campo contrario desde el primer instante, tremenda la ambición, directa la mirada de tú a tú al conjunto azulgrana, entre el rugido del Metropolitano, el equipo de Flick se sintió oprimido, también vulnerable, salvado ya del 1-0 en contra al borde de los tres minutos porque Giuliano no define como Griezmann.

Simeone tenía muy medido el partido. Una lectura extraordinaria. No sólo fue la presión, sino también el registro cuando le tocó ir contracorriente, cuando debió defenderse de la posesión asumida del Barcelona, replegado en un 5-4-1, pero, sobre todo, cuando recuperó el balón para la salida, con los saques en largo de Musso al vértigo de Lookman.

El origen del 2-0, apenas en el minuto 14, está ahí. Cuando el atacante nigeriano controló con finura en el extremo izquierdo, ya en campo contrario, pero se percató de que iba solo contra el mundo. Esperó el apoyo de Julián Álvarez, mientras por el otro lado surgía Nahuel Molina, la sorpresa del once. De un lado a otro hasta la llegada de Griezmann, cuyo suave zurdazo fue definitivo, junto al poste, lejos del foco de Joan García. Gol.

Otro golpetazo para el Barcelona, desubicado sobre el tablero de juego que había ideado el técnico argentino y su Atlético. Tiene calidad de sobra, unos mecanismos indiscutibles y el funcionamiento de un gran equipo, en cualquier escenario, incluso con dos goles en contra, pero no expresaba la amenaza de otras veces. Sumamente expuesto a la goleada.

Cierto que Fermín remató a la media vuelta al larguero, en el tercer saque de esquina por entonces del Barcelona, tanto como que el Atlético voló en ataque. Sus rupturas en velocidad desbordaron la línea alta del Barcelona. Su defensa necesitó correr mucho hacia atrás, siempre tarde, a destiempo. Dos ocasiones más de Griezmann. No acertó.

El 3-0 de Lookman tan sólo en el minuto 33, tremendo también su impacto en apenas tres encuentros, no fue un contragolpe. Fue una jugada desde atrás del Atlético, que cambió el ritmo cuando debió, cuando sorteó por encima -también- a la defensa del Barcelona, con la carrera de Giuliano, pura velocidad; el pase de Julián Álvarez y el remate final. Otro más.

Y fue aún más allá el Atlético en la primera parte, protegido por la atención y la salida de Musso en el duelo contra Fermín y agrandado hasta límites insospechados por el 4-0 de Julián Álvarez, cuyo zurdazo fue con el alma, con el peso de los once partidos sin marcar y las dudas que lo han perseguido en los últimos meses. La liberación. Era el minuto 47.

Incrédulo, apabullado, deshecho, el Barcelona no sabía dónde mirar. Ni a quién. No había excusa. Ni en sus futbolistas, muchos a la carrera a refugiarse en el vestuario y en el descanso, ni en Flick, incapaz también hasta entonces de cambiar un encuentro que se veía venir desde antes. Desde el 1-0, el 2-0 o incluso el 3-0. Su cambio en el minuto 37, cuando quitó a Casadó por Lewandowski, no varió nada. El joven medio centro salió por la banda hacia el banquillo, desolado, cabreado, abrazado por el técnico. Sin consuelo.

No le salió nada al Barcelona. Ni siquiera cuando marcó gol en el minuto 52. Ya lo había celebrado Cubarsí, en la carrera hacia su campo, contra el tiempo, cuando el VAR detectó una posición dudosa. El fuera de juego fue tan milimétrico para su invalidación que la revisión necesitó más de seis minutos. Tensa espera. No subió al marcador. Otro golpe para el equipo azulgrana, que ya no logró más. ¿Definitivo? Casi. Queda la vuelta. No la jugará Eric García, expulsado con roja directa en el minuto 85 por una patada a Baena.

– Ficha técnica:

4 – Atlético de Madrid: Musso; Giuliano, Molina, Pubill, Hancko, Ruggeri; Griezmann (Baena, m.69), Llorente, Koke (Le Normand, m.90), Lookman (Almada, m.74); Julián Álvarez (Sorloth, m.69).

0 – Barcelona: Joan García; Koundé, Pau Cubarsí (Cancelo, m.75), Eric García, Balde (Araujo, m.75); Casadó (Lewandowski, m.37), De Jong; Fermín (Gerard Martín, m.87); Lamine Yamal, Ferran Torres y Dani Olmo.

Goles: 1-0, m.7: Eric García, en propia puerta. 2-0, m.14: Griezmann. 3-0, m.33: Lookman. 4-0, m.48+: Julián Álvarez.

Árbitro: Juan Martínez (C. Valenciano). Expulsó con roja directa a Eric García, del Barcelona, en el minuto 85. Amonestó con tarjeta amarilla a los locales Giuliano (m.49), Llorente (m.51), Baena (m.79) y Pubill (m.86) y al visitante Casadó (m.27) y Ferran Torres (m.86). También enseñó tarjeta amarilla a Nelson Vivas, segundo técnico del Atlético de Madrid, en el minuto 28.

Incidencias: partido de ida de las semifinales de la Copa del Rey, disputado en el estadio Metropolitano, de Madrid, ante 68.325 espectadores. /EFE

 

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