¿Feminicidio en 2018? No es para tanto. ¿Desfalco a la Nación en 2024? Apenas dos años tras las rejas y después ya se verá. Eso es lo que ha obtenido Manuel Parra Ramírez, oficial de la Guardia Nacional, en su constante regateo con la justicia. Acumula en su haber un par de procesos penales: de uno nunca rindió cuentas reales y del otro acaba de salir por una medida cautelar. ¿Qué lo hace invulnerable? Tal vez la sombra protectora de un viejo compañero de armas que hoy es el rostro emblemático de la tortura en Venezuela.
Por Marcos David Valverde | Armando.info
La noche del 28 de abril de 2018, en el restaurante Montes SC, en San Cristóbal, capital del estado Táchira, se sentaron a la mesa Karla Stefanie Romero Quintero, Danny Wualid Hamdan Vera, Cristian Orlando González Romero y Manuel Salvador Parra Ramírez.
Para cada uno de los presentes la ocasión tenía un significado distinto. Para Karla Romero era el final de una relación con Parra Ramírez que, esperaba, pasaría a ser una simple amistad. Danny Handam la interpretó, en cambio, como una velada con su prima Karla y su jefe, el propio Parra Ramírez. Cristian González la tenía por una invitación cordial del novio de su tía Karla. Y para Parra Ramírez fue el umbral de un crimen.
“Cuando Karla vuelve a la casa [esa noche], me dice que hubo algo raro”, recuerda al teléfono su hermana, Luz del Mar Romero, desde la distancia que ofrecen su exilio en Estados Unidos y los ocho años transcurridos desde el asesinato de Karla.
“Un mesero se acercó y le dijo a Manuel que si él iba a pagar la cuenta de la mesa que estaba cerca, con dos personas”, dice la hoy exiliada que su hermana le comentó esa noche de presagios. Pero Karla Romero, estudiante de cuarto año de Derecho en la Universidad Católica del Táchira, pronto abandonó la suspicacia frente a ese detalle para aceptar la explicación que le dio su, hasta entonces, amigo íntimo, Manuel Parra Ramírez, Mayor de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) en 2018: que los hombres formaban parte de su escolta de rigor.
La cena —cuyas escenas el reportero de esta historia pudo reconstruir a partir de testimonios de una fuente viva y de testigos citados en tribunales— había servido a manera de una despedida pactada entre Karla Romero y Manuel Parra Ramírez. Se habían enredado en una relación desde un año antes. Pero él tenía esposa; ella tenía novio. Karla Romero quiso cortar con Parra. Este no sólo accedió, sino que, como un gesto de gallardía, la invitó a comer con sus familiares. Todo transcurrió en paz y con normalidad durante la velada en el Montes SC, si se deja de lado la presencia de los dos hombres, en la que Romero solo reparó por la pregunta del mesonero.
“Yo le dije a Karla que no podían ser escoltas, porque los escoltas están con las personas siempre y no llegan antes [que sus escoltados]”, sigue por teléfono Luz del Mar Romero, a quien Parra también invitó a la cena, invitación que prefirió no atender por una razón sencilla: el militar nunca le cayó bien, asegura.
Menos de dos semanas después, Karla Romero estaba muerta.
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