Ángel Montiel: El Zulia en el foso
04 Nov 2026, 13:27 5 minutos de lectura

Ángel Montiel: El Zulia en el foso

Por Opinion

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El Zulia no avanza, al Zulia lo asfixia la incompetencia y la burocracia. La región más rica de Venezuela padece un letargo estructural, crónico, porque su liderazgo político actual carece de propuestas audaces, gerencia eficiente y visión de futuro. El colapso avanza con furia desmedida mientras en el Palacio de Los Cóndores se duerme plácidamente en los laureles. La inacción oficial disfraza su incapacidad con argumentos sin fundamento, mientras el zuliano de a pie paga el costo del abandono.

La realidad es inocultable. El Zulia sobrevive hoy por pura inercia, sostenido apenas por algunas gestiones anteriores que si entendieron la planificación estratégica. Los programas emblemáticos como las becas Jesús Enrique Lossada –creadas por Manuel Rosales y que aún se mantienen– o el impulso institucional de la Ley de Asignaciones Económicas Especiales defendida por Francisco Arias Cárdenas, son los últimos vestigios de una región que alguna vez planificó su futuro y peleó por sus recursos legítimos. A pesar de que Manuel Rosales y Arias Cárdenas son de tendencias políticas diferentes, ambos demostraron en su momento una visión de altura. Desde entonces, el vacío absoluto.

Tras esos períodos, el Zulia cayó en el foso. Los zulianos recuerdan con profunda amargura la gestión gris, sombría y destructiva del tristemente célebre Omar Prieto, una gestión nefasta que dejó la infraestructura pública en ruinas y sembró la desolación en cada rincón de la entidad. El declive continúa hoy, sin tregua ni rectificación: la gestión del actual gobernador, Luis Caldera, avanza a pasos firmes a convertirse en uno  de los  peores gobernadores del Zulia, arrastrando una conducción torpe, blanda y sin la fuerza necesaria para detener la debacle.  Aunque hay comunicadores complacientes como Rafael Galicia que intentan maquillar la realidad con ojos benévolos, la verdad verdadera golpea en el rostro a la gente en la calle: el Zulia está estancado, paralizado y sumido en la oscuridad profunda.

La oscuridad no es una metáfora, es una condena diaria. El sistema eléctrico regional está en estado terminal. No hay excusa ni argumento burocrático que sirva para justificar que la tierra que genera la energía del país viva en la penumbra y el calor extremo. La postración del sistema eléctrico detiene el comercio, destruye la cotidianidad y pisotea la dignidad de millones de habitantes.

El campo zuliano, en otrora despensa del país, también sangra por el abandono estatal. La crisis del agro y la ganadería está directamente encadenada a la falta de luz, la escasez de combustible y la desatención de las vías agrícolas. A esto se suma el colapso absoluto de la infraestructura hidráulica regional. Tragedias como las inundaciones del Sur del Lago –donde el río Zulia rompió el dique por falta de mantenimiento  destrozando más de 50 mil hectáreas de las más productivas del municipio Catatumbo– demuestran la desidia criminal del Estado. El productor zuliano hoy simplemente sobrevive en la más absoluta orfandad institucional, remando contra la corriente de la negligencia y la burocracia gubernamental.

Por si fuera poco, la indefensión de los ciudadanos es absoluta ante el crimen organizado. El Zulia se desangra bajo el yugo constante y el cobro de “vacunas” un impuesto delictivo que ahoga sin piedad a comerciantes, medianos empresarios y productores agropecuarios. Los delincuentes operan con total impunidad mientras el Estado mira hacia otro lado.

Resulta una paradoja criminal. Esta es una tierra bendecida, un coloso en hidrocarburos, una potencia agropecuaria indiscutible y el corazón productivo del occidente venezolano. Tener toda la riqueza en el subsuelo y en los campos, pero miseria y ruina en los hogares, representa el mayor fracaso político de nuestra historia contemporánea. Es la destrucción sistemática del aparato productivo regional en manos de la inercia burocrática que no padece las consecuencias de sus malas decisiones.

El Zulia no necesita gobiernos sumisos al centralismo. Urge un gobernador con  pantalones bien puestos y una clara visión de Estado. La región exige con urgencia un líder que diseñe y ejecute un plan de desarrollo amplio, concreto y moderno, una estrategia que no solo rescate el empleo formal, devuelva los servicios públicos esenciales y garantice una salud de calidad, sino que también inserte al Zulia en la era del conocimiento y la inteligencia artificial. El futuro global no va a esperar por nosotros, y el Zulia no puede seguir viviendo del ayer mientras se extingue por completo en manos de la mediocridad. Por eso, romper la inercia actual no es una opción política, es una urgencia de supervivencia: es hora de despertar al gigante o resignarse a ver cómo, de forma definitiva, al Zulia lo asfixia la incompetencia.

@angelmontielp

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