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Una sacudida imprevista y de acción táctica somete a este tablero a pendular, a balancearse sobre su eje, abandonando por un tiempo, al menos los 45 grados de pendiente. Durante ese movimiento corresponde de manera decidida y constante, que en el menor tiempo posible sea nivelado. Son entonces los connacionales los llamados a colaborar en el establecimiento de las iniciativas y planes que deberán revertir aquellas causas de un tablero que desfavorecen (hoy bastante menos) una liberación real.
La muy sentida experiencia venezolana, lleva a comprender con su propio pellejo cómo regímenes híbridos construyen y consolidan esos pilares que han inclinado este tablero. El diagnóstico ya se ha hecho, el reto ahora consiste en asimilar que aproximarse a un cambio total no significa que ocurrirá. El riesgo latente es que la estrategia vuelva a sofocarse, pierda oxígeno y al final termine reducida a la partición y recambio ridículo de figuras. Estas situaciones medias, aunque desestimadas por muchos y aprovechadas por otros son en realidad el estancamiento de una sociedad que corre el peligro de perder toda su integridad.
La inclinación del tablero, es el modelo de la premeditación en el control de mecanismos institucionales y de sociedad para favorecer de manera extrema el posicionamiento nacional e internacional, la vocería y sobre todo los resultados electorales de un sistema de gobierno, que descansan en varios pilares: hegemonía y propaganda comunicacional, monopolio y secuestro de los recursos económicos, perversión legislativa, subversión de instituciones y represión directa como garante final del sistema.
Como ha entrado en oscilación el tablero y el deseo es cambiar las cosas en Venezuela pasando por unas elecciones generales o presidenciales, la tarea es impactar (si es que ya no se ha hecho en varios de ellos) o modificar los pilares, para acelerar el tiempo lo más que se pueda y establecer unas condiciones institucionales, económicas y de servicios, que sean propicias para la durabilidad y consolidación del nuevo gobierno en el poder nacional.
Juega ahora a favor de los venezolanos (no se conoce por cuanto tiempo) un cambio profundo de los sistemas y microsistemas que ahogan a los ciudadanos y a la República en general. Estos aparatos deben ser desmantelados con una visión clara de bienestar, confianza, transparencia, eficacia, calidad y sostenibilidad. Un proceso de esta magnitud, exige un tablero nivelado, capaz de generar las oportunidades para la producción de nuevos escenarios institucionales.
Al contrario de la matriz más consolidada o informada, los resultados de las llamadas “mesas de trabajo” son en el mejor de los casos el paso conciliado para diseñar y conformar estructuras que aguanten hasta el cambio de gobierno y ajuste de los poderes. Son instancias brumosas, pero transitorias y deben estar ahí para cumplir su función. El resto, debe aproximarse a nivelar ese tablero y echar para adelante.