Abraham Sequeda: ¿Cómo construir un sistema de salud universal para Venezuela?
04 Nov 2026, 09:19 4 minutos de lectura

Abraham Sequeda: ¿Cómo construir un sistema de salud universal para Venezuela?

Por Opinion

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Lograr este propósito comienza con el diagnóstico básico del país: informalidad masiva, pobreza e indicadores macroeconómicos paupérrimos. Estos datos no son solamente obstáculos; revelan las fallas estructurales y marcan exactamente el camino que no se debe seguir.

Pero antes de cualquier dato de construcción, debe entenderse el concepto de sistema de salud como una estructura constituida por personas, instituciones, organizaciones y acciones planificadas destinados a mantener y mejorar la salud de la población. Las características de un sistema de salud se concentran en: ser universal, integral, accesible, disponible, eficiente, flexible, transparente, auditable.

Se conocen al menos tres tipos de sistemas de salud bien estructurados de acuerdo a ciertas dimensiones como son:  origen, concepción de la salud, financiación, cobertura y vinculación con proveedores. Entender y desarrollar estas dimensiones, que parecen muy conocidas y hasta simples, es la base de un sistema de salud sólido, real y de calidad. Por mencionar solo dos: la concepción de la salud se refiere a la visión y misión establecidas constitucionalmente y en el código de leyes sanitarias (Ley Orgánica de Salud, Ley de Ejercicio de la Farmacia, entre otras), mientras que la financiación implica contar con los recursos apropiados, siempre. 

De los tipos de sistemas de salud destacan: el modelo de seguros sociales, llamado también modelo Bismarck porque fue iniciado en Alemania en 1883 por el canciller Otto von Bismarck. En él la salud se consagra como derecho o un bien tutelado por los poderes públicos, financiado mediante contribuciones de la población vinculada estrictamente a la actividad laboral, con una colaboración variable y directa del Estado.

Luego se cuenta con el modelo de sistema nacional de salud conocido como modelo Beveridge-Semashko, originado en Reino Unido en 1948, una vez culminada la Segunda Guerra Mundial. Concebido como un derecho universal, su financiamiento proviene principalmente de impuestos generales del Estado. Todos los ciudadanos son beneficiados solo por ser ciudadanos del país, independientemente de su actividad laboral.

Finalmente, el modelo de libre mercado, cuyo origen y predominio es en los Estados Unidos de América. La salud es concebida como un bien de consumo e individual. La financiación es de carácter privado y voluntaria por: primas de seguros privados, cofinanciación de empresas y trabajadores, pago directo. Su cobertura llega hasta los límites de las aseguradoras o a la capacidad de pago. Coexiste con programas para segmentos de la población (Medicare, Medicaid). Su vinculación con proveedores está desregulada y basada en contratos privados (aclarando que esta desregulación no atañe a las autorizaciones de comercialización de productos médicos).

En Venezuela, de cara a un cambio político y a un obligatorio y necesario adecentamiento de la administración pública, una propuesta de universalidad plantea la protección de los recursos a través de una “caja única de salud” independiente, flexible, transparente y auditable. Esto aleja el sistema al precepto de la salud como bien de consumo y dependiente de pago individual de bolsillo (incluyendo los medicamentos).

Este diseño supera el modelo bismarckiano puro, donde el presupuesto depende exclusivamente de las cotizaciones del trabajador (B) y patrono (C), evitando el colapso del sistema en un país con muy alta tasa de informalidad laboral. 

El sistema propuesto resulta de una mezcla integradora inspirada en el modelo Beveridge, orientada a una mancomunación financiera avanzada (caja única), que utiliza los impuestos generales (A) y el fondo de ecualización o nivelación estatal (Fs), como base principal y amortiguadores solidarios para garantizar la cobertura universal. Así mismo, se mantiene en la ecuación financiera (T=A+B+C+D+Fs) las cotizaciones laborales (B y C) que irán aportando progresivamente a medida que la economía lo permita, para generar un flujo de recursos estable e independiente de este sector.

Con esta propuesta enmarcada en el contexto nacional, la integración de modelos y una visión propositiva, el acceso efectivo dependerá solo de la necesidad de salud del ciudadano y no en fluctuaciones de corte político o petrolero, de la condición de empleo formal ni de la discrecionalidad presupuestaria.

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