
La derrota republicana ha abierto una batalla anticipada por la sucesión de Donald Trump. J. D. Vance ha empezado a marcar distancias con la guerra de Irán, mientras crecen las presiones internas para reclutar a Marco Rubio y que este le dispute la candidatura de 2028. Las informaciones filtradas sobre una posible dimisión del secretario de Estado han alimentado las sospechas de maniobras internas. Fuentes consultadas por ABC creen que su entorno está tanteando el terreno, aunque el propio Rubio lo niega tajantemente.
Por ABC
La hecatombe electoral del martes ha sacudido la Casa Blanca mucho más de lo que Donald Trump está dispuesto a reconocer. Los demócratas no solo han recuperado las dos Cámaras del Capitolio, sino que han ganado en estados tan conservadores como Kansas e Iowa y han llegado a hacer que Misisipi esté en disputa, algo inaudito. El resultado ha dejado al presidente ante dos años de difícil convivencia con la oposición y ha precipitado algo que hasta ahora se discutía en voz muy baja: quién heredará el trumpismo cuando abandone la presidencia en 2029, con 82 años.
El primero en mover ficha abiertamente fue su vicepresidente, J. D. Vance. Apenas unas horas después de conocerse los resultados, publicó en redes sociales un extenso análisis de la derrota que causó sorpresa en el entorno presidencial. No culpó a los candidatos ni a los errores de campaña. Señaló la guerra de Irán, que Trump inició en febrero con la promesa de resolverla rápidamente y que ocho meses después sigue sin poder cerrar. «La razón por la que perdimos es la guerra», escribió. También mencionó el encarecimiento de la vida, las promesas incumplidas de anteponer los intereses de los estadounidenses y la necesidad de reconsiderar la relación con Israel.
Los problemas que Vance veía eran casi todos de política exterior, la cartera de Rubio. Trump, al día siguiente, asintió en lo de Irán, pero acto seguido se negó a apoyar a Vance en la sucesión y de hecho dijo que no sabe ni siquiera si se presentará a primarias.
Hubo otro detalle revelador. Donald Trump Jr., el hijo mayor del presidente y una de las figuras con mayor ascendencia sobre las bases del movimiento trumpista, compartió públicamente el mensaje de Vance y manifestó su respaldo absoluto. «Cada palabra», escribió, acompañado de tres símbolos que expresaban un apoyo del cien por cien. Era una forma de avalar una interpretación que trasladaba la responsabilidad de la derrota a una guerra decidida por su propio padre.
Hasta entonces, Vance había sido considerado el heredero natural del trumpismo. Trump había favorecido esa percepción en conversaciones privadas, aunque públicamente había evitado cerrar la puerta a otros aspirantes. La derrota ha alterado ese equilibrio, al vicepresidente se le considera herido sobre todo por lo que ha pasado en Ohio.
Es el estado que proyectó a Vance al Senado y desde el que dio el salto a la vicepresidencia. Allí, su amigo Vivek Ramaswamy perdió las elecciones a gobernador frente a la demócrata Amy Acton. La derrota fue acompañada de otro revés republicano en la carrera al Senado, donde Sherrod Brown recuperó el escaño frente a Jon Husted. Para algunos asesores externos del presidente consultados por ABC, el resultado de Ohio es una demostración de los límites electorales del vicepresidente.
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